Tras muchas lecturas y estudios acerca de qué es lo que mueve a un corredor a salir a un parque a las siete de la mañana para hacer kilómetros, finalmente me di cuenta que la mejor manera de comprenderlo no podía ser leyéndolo, y por tanto, centré este estudio en la figura de corredor que anda más cerca de mí, y esa figura es la de mi padre.

Recuerdo cuando yo era pequeño y él intentaba que yo tuviera ese mismo espíritu, esa fuerza que me hiciera salir a comerme cada kilómetro en ese pequeño parque de al lado de nuestra casa, que a mí sinceramente se me hacía cada día más largo y más cansado. Kike de Diego habla sobre ese momento de negatividad en el que piensas: "..no puedo más, me retiro, esto es una locura imposible de abarcar, no quiero ni que me hablen, sólo quiero correr, sí, pero lejos de esta carrera, de este circuito, quiero huir, estar fuera de aquí, ahora mismo, no estoy disfrutando..."

Con la diferencia de que yo además no alcanzaba a comprender cómo se podía sacar un sabor placentero de todo eso. No obstante, y a pesar de que desistí de continuar con ello, veía que mi padre seguía disfrutando y que a pesar de salir a horas en las que yo no me hubiera planteado siquiera levantarme de la cama, el venía lleno de satisfacción.

"Le gusta correr", decíamos su familia, aunque no fuéramos capaces de comprenderlo.

A día de hoy estoy más involucrado e interesado por las letras y el ser de las cosas, y quise darme una explicación para esa afirmación que aun pienso que esconde más de lo que se ve a simple vista: ¿Cómo encontráis el placer en aquello que para otros puede ser un verdadero suplicio?

Finalmente me di cuenta que dentro de cada persona existe un universo, es evidente que no hace falta ser un genio para ver eso, pero cuando profundizas ves que ese "universo" que compone a cada persona presenta una sería de virtudes y carencias, pero dentro de vosotros, y con vosotros me refiero a CORREDORES, se encuentra un guerrero, un luchador, llamadlo como queráis, hay algo que no se encuentra dentro de todos y eso está en vuestro ser, en vuestra esencia, que diría Platón.

Cuando corréis, los kilómetros ya no son enemigos, sino vuestros aliados. Cuando corréis, si lo hacéis solos, mantenéis largas charlas con vuestro pensamiento en un limbo personal, y yo no soy un profesional ni mucho menos de los principios de las filosofías orientales, pero es en ellas donde se habla de que para alcanzar una paz interior debes estar en armonía contigo mismo y el entorno, y vuestra manera es más que acertada.

Una vez en la carrera se pueden ver vuestras caras de cansancio, incluso de sufrimiento en algunos casos, pero insistís y continuáis luchando. No hay perdedores, todos sois ganadores y se ve claramente cuando el último de vosotros llega con las manos en alto y es animado y aclamado por el resto, porque él al igual que el resto ha terminado.

Definitivamente es admirable ese coraje y perseverancia, pero uno de los puntos tal vez más llamativos dentro de este estudio que he desarrollado, es la meta.

"Allí están las puertas de los caminos de la noche y el día, sujetas entre un dintel y un umbral de piedra, altas hasta el éter" (Parménides).

Esas puertas que cuando las atraviesas todo es felicidad y es, en ese instante, donde surge esa satisfacción, esa cara de alegría donde vuelves a ver que corren por placer.



David Tapia Ybarra