Domingo 12 de Octubre de 2008, “Día de la Raza”. Son las 07:45 de una hermosa mañana, en Gaimán, Colonia Galesa de la Patagonia Argentina, y me encuentro trotando suavemente por la calle rodeado de un montón de gente que hace lo mismo que yo: no ve la hora de empezar, ya no se aguanta más, y encima, debido a un accidente en la ruta, todo se atrasó 20 minutos más; fueron más largos que los 42 que vinieron después.

  

Pero todo empezó 12 semanas antes, cuando en mi plan de entrenamiento para bajar unos terribles 96,5 kg decidí cambiar el recorrido y corrí 16 km, esa noche encontré en Internet, en la web www.corredorespopulares.es, el Plan de Entrenamiento de Maratón para Principiantes de la deportista Claudia Plasencia. Éste era de 18 semanas, pero era mucho para la fecha del maratón local, por lo que después de mirarlo de un lado y del otro, lo recorté a 12 semanas coincidente con la cuarta semana del plan, que tenía un recorrido largo de 16 km.

Con bajas temperaturas ( 1°, 2° y hasta bajo 0°), vientos, lluvia, escarchillas y demás, llegamos a cumplimentar esas doce desconocidas semanas de entrenamiento y, ahora que lo analizo, el primer entrenamiento sistemático que realizo en mi vida, por lo que a los 49 me siento bastante orgulloso y agradecido a los que se lo bancaron, mi esposa y mis hijos, con los que no estuve o a los que no vi, por entrenar.

Y largamos exactamente a las 08:20 horas, con un sol cálido (16ºC) y un viento oeste de la cordillera, que nos acompañó todo el viaje, los 21 km. Estaban en la Ciudad de Trelew, donde recorrimos parte del centro, pasando por su Municipio y Plaza Central, mucha gente acompañando y alentando a los corredores. Algo difícil de explicar, gente que nunca te vió te saluda y te aplaude, sin importar en qué ubicación de la carrera vas y a la que no podés dejar de saludar y agradecer por más agotado que estés.

Algo para destacar, en el km 27 se me acercó un señor en bicicleta, que me dijo: "Siga corriendo, mientras yo le cuento una historia". Y pasó a relatarme la historia de un viejo corredor, que al pasar los 42 km por su casa recoge su medalla y añora aquella pequeña proeza. Acto seguido me dijo: "Termínelos por mi..." Y se alejó, todavía se me inundan los ojos cuando lo recuerdo, me cargó el corazón.

Algunos kilómetros después me esperaban mis hijos y mi esposa, a los que vi gritar y saltar orgullosos de mí y eso también me hace emocionar todavía, tanque lleno en el corazón.

Sandra Ficca “Ficus”, una colega de años y Claudio “Calo” Toth, un alumno y futuro colega, me hicieron el aguante durante los 42. Me hablaron cuando les hablé, estuvieron silenciosos cuando yo me concentraba en mi recorrido, y me alimentaron e hidrataron permanentemente, pero le pusieron el combustible de los amigos, ingrediente fundamental de este emprendimiento.

Llegué a la curva de los 42 km charlando y saludando gente en la calle y ahí vi la llegada, y no recuerdo como fueron los últimos 192,5 metros, sólo recuerdo a mis afectos, a los amigos, a mis alumnos y una alegría inmensa que todavía hoy, dos semanas después sigo sintiendo Y ése es el recuerdo de todos los 42: alegría. Los disfrute de principio a fin, donde mi hija María Pía me colgó la medalla que certifica que los corrí... mejor dicho, que los disfruté.

Gabriel Pintos. Argentina.