No abandones cuando todavía eres capaz de un esfuerzo más, nada termina hasta el momento que dejas de intentarlo.

El 2008 fue un año de múltiples enseñanzas en mi vida como corredora y como maratonista. Inicialmente, porque entrené casi continuamente por 9 meses, primero para correr la maratón de mi ciudad, Panamá y después, casi al mismo tiempo, se me presenta la oportunidad de viajar a otro país y probar si mis zapatillas me responden lejos de mi patria.
  De la maratón de Panamá, mi tercera corrida, me quedó la primera enseñanza de este año, conocí la pared del corredor de maratones, a los 38 kilómetros. Ese día en Panamá, (domingo 6 de agosto) iniciamos los primeros 21 km nublado y mucha humedad en el recorrido, después un sol tenue, pero que calentaba y finalmente los últimos 5 km inicia una fuerte lluvia de retorno en la Avenida Balboa, con el mar picado y un viento fuerte que te golpeaba la cara. Mantener un ritmo se me hacia frustrante, no aguantaba las caderas, la planta de los pies llenas de ampollas, las zapatillas mojadas y pesadas...

Después de la maratón de Panamá, descanse 15 días. No entrené fuerte, no hice fondos y solo después de ese periodo inicie con unos 30 minutos en pasto y pequeños trote a ritmo sostenido.
  Este año conviné mi entrenamiento personal con el del grupo que entrenaba los Corredores Urbanos, un selecto grupo de personas que adoptaron el correr en sus vidas y que quieren mantenerse en buenas condiciones físicas a través del correr. Mi próxima maratón en San Antonio, Texas, sería el domingo 16 de noviembre, 3 meses después de la última maratón, tenía a lo sumo sólo 10 semanas para tratar de mantener mi resistencia y mejorar mi fuerza. Entrené mayormente la ruta de Gamboa, (un lugar de exuberantes bosques, lomas con subidas vertiginosas y naturaleza al máximo), para los que han leído mis otras experiencias, saben que me fascina entrenar en esa ruta; también hice otros fondos en rutas planas sin mayor complicación.

Volamos a Texas el viernes 14 de noviembre, llegamos a eso de las 6:45 p.m. Al aterrizar, el capitán del vuelo dio un anuncio especial: “Damos la más cordial bienvenida a todos los corredores que vienen a bordo y que vienen a correr la maratón. Bienvenidos a Texas y buena suerte. Waoooo!!Yo quería llorar de la emoción...
  Esa misma mañana se celebraría la Expomaratón en el Estadio Alamodone, una feria para los maratonianos. La primera sorpresa: tenía que buscar mi número de corredora en casi 5 paredes repletas de nombres y números, me encontré, era la 6156, tendría que ir a la mesa 6 donde me darían mi bolsa para la maratón. Hago mi fila y descubro que saldré del carril 6, de los 32 existentes, después me explican que este carril es para maratonista que hacen 4 horas o menos).
  Compartí habitación con mi gran amiga de carretera Sonia Torres, una abogada con una chispa innata para pasarla bien, aunque sea sufriendo en una maratón. Imagínense se fue a Texas a vivir su gran bautizo en los 42,195 km.
  Nuestro Medico del Team, Edgar Arauz, nos daba los últimos tips: coman mejor este bagel con mermelada, lleven una fruta, tomen líquido en sorbitos... Y todo mundo tratando de que la bolsa que había que entregar en los trucks fuera bien sujeta al cintillo con el número que nos identificaba. El bus iba repleto de corredores, aunque estábamos a 3 grados hacía tanto calor y alegría que se me olvidó que me sentía las piernas congeladas. Cuando bajamos del bus, caminamos aproximadamente 2 kilometros para llegar a los últimos carriles de salida. Cuando miramos el reloj, nos percatamos que estábamos contra el tiempo, casi todo el primer grupo salíamos en los primeros 6 carriles. Edgar, que su apellido es con A, tan lindo me ayudo a llevar mi bolsa al Truck de los corredores de apellido con R.

Ismael otro gran corredor, me dice: “Iris, no vamos a llegar a tiempo sólo faltan 10 minutos para arrancar y estamos en el carril 36”. Con la locura que nos caracteriza a los corredores me sujetó de la mano, arrancamos a correr y tropezar gente en 30 carriles de salida. Llegamos jadeando al cartelón que decía carril 6, salida en 5 minutos. Allí ya estaban Joey Cohen, Edgar y Alberto Bissot, atacados de la risa de vernos cómo llegamos agarraditos de la mano y jadeando.

El presentador que está en la meta, anuncia el himno de los Estados Unidos y después arrancan los carriles, con espacio de un minuto entre cada uno. Cada carril que sale, al pasar por la alfombra que medirá tu tiempo oficial, es una algarabía y gritos contagiosos. Mis queridos compañeros de aventura y yo, nos abrazamos uno a uno, nos damos una palmada de buena suerte y prometemos: Nos vemos en la meta.

Salgo al lado de Edgar, prometemos no "mostrosearnos" (término de jóvenes panameños) y mantener el paso hasta pasados los primeros 21km, y si teníamos fuerzas y todo marchaba bien, sólamente entonces, subir la intensidad. Edgar ha corrido innumerables maratones fuera de Panamá, le dije: "Tú serás mi guía turístico de cómo se corren maratones internacionalmente".

Los primeros 21 km fueron realmente hermosos, en el down town de San Antonio, la calidez de la gente en todo el recorrido, pancartas con mensajes alentadores, te hacían sentir que eran para ti. Niños, jóvenes, adultos, mayores... todos nos aplaudían como si fuéramos los primeros en llegar a la meta. En cada milla había una banda de rock o de música mexicana alentando a los corredores y un grupo de porristas gritando: "Go, runners, go! You look fine! Hurry Up!" Y cómo olvidar las porras mexicanas: "¡Échale chingados! ¡Corre, corre! ¡Anímate hermanito!
Estaba feliz, cada vez que pasaba por las alfombras daba un salto con los dos pies y le decía a Edgar: “Los que me están siguiendo en Internet, tienen que saber que estoy sobreviviendo a los 42 kms de Texas”.

Llegamos a los 21 km en 1:53, ambos nos sorprendimos lo bien que estábamos, aproximadamente en el km 24, Edgar me dice: “Chiqui, ¿estás bien?"Y le digo voy súper, él me dice que bajaría un poco el ritmo, ya que está sintiendo un leve jalón en el muslo. Le digo, tranquilo, me voy contigo, y me dice: No, no te quedes por mí, dale, tú estás bien, vete. Yo voy a quedarme un poco atrás.

Continúo con el mismo ritmo. En el km 27 me dieron ganas de toser, porque me sentía el pecho como apretado, asumía que era por el frío, traté de toser y mi pulmón se contrajo fuerte en el pecho y comencé a bronco aspirar e igualmente me inicioó una taquicardia, no podía creer que en plena maratón me iba a dar mi ya olvidado asma, ya estaba sola, no veía cerca a nadie de mis amigos, trataba de calmarme pero el sentirme los latidos del corazón tan fuerte en los oídos me comenzó a dar miedo. Decidí que NO me detendría, me decía mentalmente: "Respira poco a poco, baja el ritmo, bota aire por la nariz, cuenta de uno en uno que se te pasará. Mis amigos se ríen porque les digo que para mí, Dios es corredor, porque es incalculable las oportunidades que tanto a mí como a montón de corredores, nos escucha las oraciones y nos manda: Un día nublado, un sol no tan caliente, un ángel que nos dé agua, un desconocido que nos da votos de aliento y ahora, otra vez esta corredora, vuelve e insiste tres meses después, en rogarle que le quite los achaques y pueda llegar a la meta. Dios mío, cuánto trabajo extra te damos, los locos que corren.

Entonces, me concentré y oré: Señor, permíteme terminar, no he venido tan lejos para no terminar, déjame que llegue bien, dame paz. Estoy bien, no tengo calambres, no tengo dolor, no permitas que el frio me domine. Trato de concentrarme en paz, y los oídos zumbándome me desconcentran. Regreso poco a poco después de casi 3 km (que me parecieron 10km), a la normalidad. Logré toser, al hacerlo simultáneamente se me destapa la nariz y los oídos, me desborda en líquidos la nariz, cuando me vi el guante manchado de sangre de la nariz, ya no me dio miedo. Pensé, si respiro bien esto no es para asustarse.

Por el km 32 me sentí nuevamente bien y traté de regresar, aun con las lomas tortuosas del recorrido, al ritmo que llevaba antes. Cuando vi a un costado el cartelón que anunciaba la Milla 25, supe que ya había terminado la maratón. Veo el faro altísimo que te indica que ya estas a pocos metros del Alamadone, se aumentan los aplausos y las mareas de gente, me queda al frente una chicas con un letrero : "Finish strong". Estoy tan feliz que acelero mis pasos y cuando veo, para mi sorpresa el último kilómetro antes de llegar la meta es una loma tortuosa.

Cómo olvidar el momento mágico, antes de llegar, los últimos 400 metros, pasas por un túnel escuchas gritos, pitos, música, porras, salen banderas de todos lados y de repente alguien grita: “Vamos Iris, ya llegaste”. Sale una mano de la multitud y Rodolfo me entrega la bandera de Panamá. Al tratar de abrirla me doy cuenta que llevo los dedos dormidos por el frío, me trato de quitar el guante y casi se me cae la bandera. La dejé doblada en mi mano. A sólo cinco o diez pasos de terminar mi cuarta maratón nada podía fallar, miro el reloj de la meta que marca 4:08, cruzo la alfombra y salté mil veces. Gracias Dios, Tú eres lo máximo.!!! Que linda es la vida! Unas chicas me toman del brazo, me dan una manta térmica, me colocan mi primer medalla de maratonista internacional y me indican que vaya a tomarme la foto oficial, fue todo tan rápido que creo que desperté cuando al tomarme varias tomas de las fotografías y reiniciar a caminar me comenzaron a doler las piernas. Para mi alegría, viene con una gran sonrisa, Vladimir Bolaños, (los que han leído el artículo de mi primera maratón, podrán recordar que fue quien me ayudó a entrenar mis primeros fondos largos). Vladimir es altísimo, me alza del piso de un solo jalón, me abraza y me dice feliz: "Iris, lo logré, hice menos de 4 horas y terminé bien”. Celebramos juntos como niños, él igual que yo, nuestro reto siempre ha sido terminar una maratón en menos de 4 horas.

Cuando finalmente Vladimir y yo llegamos a la carpa y encontramos al resto del grupo, no hay palabras para describir el escándalo generalizado y la fiesta que se armó por unos segundos. Los niveles de endorfina estaban a otro nivel, por ende, decidimos caminar unos 5 km hacia el River Center en el downtown de Tx, para comer algo. Todos estábamos tan emocionados, que había que pedir la palabra para poder hablar, todos a la vez, contando su nueva experiencia.

Al finalizar el día, en nuestra habitación, se armó otra mini fiesta de after maratón, todas las anécdotas del mundo: quién se equivocó de ruta e hizo 2 kilómetros más, quién le dio dolor de barriga el power gel, quién clamó a Dios para terminar, quienes en el km 25 se pararon a estirar como si fuera un gimnasio, quienes la zapatilla no le sirvió para mejorar su tiempo...
  A eso de las 7:00 p.m, nos enteramos por Internet que nuestro benjamin del grupo, Jonathan Echeverría, de 17 años, había llegado segundo en su categoría en la media maratón, todos corrimos a quitarnos las pijamas a vestirnos e irnos otra vez al Alamadone a la premiación final. Aunque nos enteramos que solo le enviarían un certificado por correo, todos sentimos como personal ese triunfo.
  Nuestro gran día de maratón terminó, llegamos al hotel, a dormir un par de horas, nuestro vuelo salía a las 7:00 a.m, de regreso a nuestro Panamá.

La vida me ha enseñado un montón de lecciones, pero cada día descubro, que entre más vives, los momentos de felicidad son pocos, pero cuando ocurren hay que vivirlos y exprimirlos hasta el último segundo. Dios como siempre, mi eterno compañero de kilómetros, me bendijo con esta nueva experiencia en mi vida como Corredora. Lejos estaba mi mente de creer, que el amarrarme las zapatillas y decidirme a correr maratones sería una de las experiencias más enriquecedoras de mis días en esta tierra.
  Gracias a los eternos cómplices de esta loca que corre maratones. Mis hermanitos: José e Ivonne, mis amigas irremplazables: Lydia y Nilda. A la personificación colectiva de los LOCOS que CORREN, mis queridos amigos los Juaneteros. En especial a Edgardo, Vladimir, Pepe, Daniel, César, Armando y Luigi. Qué lindo es contar con gente como ustedes cada kilómetro recorrido.
  Un agradecimiento especial al selecto grupo de Juaneteras+Maratonistas, mis queridas amigas: Mary, Ilonka y Liz, por todas las oraciones que ofrecieron a los Ángeles para que me fuera bien en mi nuevo reto, amigas, gracias por demostrarnos que se puede ser maratonistas, profesionales, pero sobre todo MUJERES bellas con un corazón lleno de bondad.
A las nuevas integrantes del Club de mujeres maratonistas nacionales: Sonia y Rosy, chicas: Amarrense las zapatillas fuerte, esto es un mundo de múltiples y grandes sacrificios, pero igual enriquecedor y emotivo.   A los Corredores Urbanos, que dos días antes de viajar me sorprendieron después de clases con una fiesta sorpresa por mi recién pasado cumpleaños y deseándome buena suerte en el viaje.
  A Carlain, por ir a misa el sábado antes de mi maratón y orar por mi. Carlitos, el amigo que todos les gustaría tener, Moniquin por la oración especial para orar en el camino. Luli y Diomedes, por enviarme sendos correos con sus sinceros deseos. Al Magnum Man el Ceci, por cumplir su palabra e invitarme junto a su linda familia a celebrar con whisky en las rocas, cuando regresé a Panamá.
  A mi nuevo reto como entrenadora, los futuros maratonistas, mis chicos: David y Maru.
  Dios,oOtra vez GRACIAS por amarme y cuidarme cada kilómetro en todas las carreras que la vida me depara, como ser humano y como corredora. Permíteme siempre NO eclipsar mi gran aventura por competir y perder las mística de disfrutar el correr, sólo en busca de ganarme a alguien o en buscas de marcas irracionales, a la única persona que siempre le quiero ganar es a Iris. Ese siempre será mi reto.

Termino con palabras de un ultramaratonista: "He descubierto que el dolor suele ser temporal, pero el orgullo de haber terminado otra maratón es eterno en tu corazón".


Iris L. Regalado
Maratonista 6156
Rock and Roll San Antonio, Texas Marathon - 16 noviembre 2008