EL RETO: CORRER EL PRIMER MEDIO MARATÓN CON MEDIO SIGLO A LAS ESPALDAS

Con un historial como corredor que se reduce únicamente a dos carreras de 10 km en octubre de 2009 y noviembre de 2010, con poco entrenamiento, tomé la decisión de hacer el Medio Maratón de Madrid, como reto personal, en una conversación que mantenía tomando un café con tres compañeros. Cuando pregunté de forma un tanto indirecta: “Yo creo que no es posible que alguien que no esté habituado a correr se prepare un medio maratón en dos meses y medio”. La respuesta fue rápida y natural: “Sí que se puede, solo es cuestión de proponérselo”. Y así surgió la idea, o más bien, la decisión de correr el Medio Maratón.

Tomada la decisión y aún sin inscribirme oficialmente, me puse manos a la obra. Empecé a bucear en Internet buscando conocimientos suficientes para preparar con ciertas garantías de éxito la carrera. Leí sobre lo beneficiosos que son una alimentación saludable y el descanso, y lo imprescindible que es el tener una buena planificación para los entrenos. Encontré varios ejemplos de planning y me decanté por uno que me confeccionaron “a medida" desde la propia web de la carrera. En ella me aseguraban que, entrenando 4 días a la semana, en los dos meses y medio que restaban para la carrera conseguiría cruzar la meta. También me recomendaban llevar un diario de entrenos. A mí me ha servido de elemento motivador: cuando lo rellenaba tenía la sensación de estar cumpliendo con mis compromisos, de estar alcanzando metas. Lo recomiendo.

Ya estaba preparado y motivado para comenzar y el 17 de enero realicé mi primera sesión de entrenamiento. Durante las dos primeras semanas seguí con bastante rigurosidad el planning. Pero a partir de febrero, por diferentes motivos, me fui apartando de tan exhaustivo plan. Fui pasando por momentos de euforia, y por otros, los más, de decepción. Las decepciones empezaron el miércoles 9 de febrero, cuando después de una bonita jornada de esquí en Sierra Nevada, me calcé las zapatillas y empecé a correr. Sólo logré hacer 4,5 km y con una sensación nada agradable, sensación que me duró hasta el sábado. No sé si, como consecuencia del excesivo entrenamiento (no lo creo) o por el mal de altura (no lo sé). Empecé a pensar que algo no iba bien... Pero el domingo, ya en Madrid, con una mezcla de miedo y rabia, decidí probarme haciendo 11 km. Lo logré con mucho esfuerzo. A la semana siguiente, corrí el jueves y el viernes 5 km. cada día y el domingo 20 de febrero, me hice el recorrido completo del Medio Maratón por el itinerario oficial. Tardé 2 horas y 25 minutos, lo que me dio ánimos para seguir adelante.

Pero la dicha duró poco porque el día 3 de marzo fui a correr 6.250 mt por un bonito itinerario que es bastante exigente (el camino que da la vuelta alrededor del polideportivo de la Dehesa Boyar de San Sebastián de los Reyes) y, durante todo el trayecto, tuve una sensación agridulce. La sensación de bienestar afloraba cuando sentía que corría a buen ritmo y sin signos de fatiga y también por hacer el recorrido en un tiempo que para mí es muy bueno (35 minutos y medio). Sin embargo, la sensación negativa estaba presente en todo momento porque el pulsómetro marcaba constantemente entre 180 y 190 pulsaciones... Una barbaridad si tenemos en cuenta que mi frecuencia cardiaca máxima (FCM) es de 171. Desde ese día hasta la carrera, ya nada fue lo mismo: el fantasma de los problemas de salud rondaba de forma permanente por mi cabeza.

Consulté por separado a dos cardiólogos. Me hicieron dos electrocardiogramas, una ecografía de corazón y una prueba de esfuerzo. Ambos coincidieron en el diagnostico: el mío es el cuadro cardiológico de un deportista entrenado. Por supuesto que me lo creí, para eso son los expertos. Pero al poco, cuando empecé a correr otra vez, y vi que el pulsómetro reflejaba una rápida subida de las pulsaciones -por encima de las 170-, me asaltaron de nuevo las dudas... y el temor: “¡Maldita sea!, con lo bien que lo estaba llevando todo, ahora qué narices me pasa”. Después de 9 días sin entrenar, acabé por recurrir al pundonor y al coraje y el sábado 12 de marzo, decidí recorrer 14 km. por mi querido Camino de Santiago, intentando no sobrepasar mi FCM. Lo logré y terminé con buenas sensaciones. Al día siguiente, hice 7 km. y el domingo siguiente, los 21 km del Medio Maratón por el itinerario real. Lo terminé en 2 horas y 21 minutos... ¡Contentísimo!

El domingo siguiente, programé hacer los primeros 16 km. del itinerario real de la carrera para ver si podía bajar tiempos, pero en el kilómetro 13 apareció un dolor agudo detrás de la rodilla izquierda que me hizo ir bajando el ritmo hasta casi parar. El resultado fue que perdí tiempo y que reaparecieron los antiguos temores: “¿Podré colocarme en la posición de salida, podré correr, llegaré a meta, merece la pena tomar la salida para no llegar, ¡maldita sea! ¿No me habré pasado de entrenamientos y estaré sufriendo lo que llaman sobreesfuerzo?”. En fin, tristeza y desaliento... Ésta vez a solo una semana de la carrera. Al día siguiente visité un fisioterapeuta, me dijo que había que ver la evolución y que el jueves, al finalizar la sesión, me respondería. Llegó el jueves y, a la misma pregunta, me contestó: “Bueno, está mejor que el lunes. De todas formas tampoco te obsesiones en hacer todo el recorrido corriendo. De vez en cuando puedes hacerlo andando. Es más, no pasa nada si no llegas a meta. Piensa que hay muchas carreras por delante y que tú ya has superado los 21km.”. Desde luego, no parecía verlo muy claro y tenía razón en lo de que me quedan muchas ocasiones por delante. Pero ésta era mi primera ocasión y de nada me servía el haber recorrido todo el circuito en los entrenamientos si no podía hacerlo el día clave. En ese momento, entendí a los deportistas de élite cuando se quedan desolados por llegar los segundos.

Y llegó el día esperado. Después de dos meses y medio de dura lucha física y psicológica, después de superar tantos miedos, sin poder entrenar durante la última semana por la “casi lesión” de la rodilla izquierda, atiborrándome los tres primeros días de esa semana a proteínas y los tres siguientes a pasta, después de que mis cuñados y sobrina vinieran de Bilbao para verme correr... la víspera estaba yo más que preocupado. Más bien, y perdón por la expresión, cagadito de miedo, pero no era plan de abandonar como un cobarde. Había que intentarlo costase lo que costase, terminando si hiciera falta arrastrado por el suelo. La víspera la pasé tranquilo, me acosté a la una de la mañana del domingo y me levanté a las 6:45 h. Desayuné un poco de leche con cereales y miel, un plátano, unas natillas y, aunque dicen los expertos que no se debe de comer nada de dulce antes de correr, no me pude resistir a comerme una de las torrijas caseras que con tanto esmero y cariño me preparó mi mujer para animarme, me supo a gloria bendita.

A las 8:15 h estaba en una de las entradas del Retiro con mis amigos. Comenzamos con el protocolo que se repite en todos estos eventos: recogida del chip, entrega en el guardarropas de lo que nos estorbaba para correr, visita a los urinarios, breves estiramientos, vuelta a visitar el urinario, disimular como se puede los nervios, y a adentrarse entre la marabunta de 14.200 corredores que tomamos la salida. Nos colocamos donde nos correspondía por nuestras marcas (al principio del último “cajón”). Pistoletazo de salida. Más nervios. Eso no se movía, tardamos en cruzar la línea de salida 3 largos minutos. Ya estábamos en carrera. Los nervios fueron desapareciendo, el pulsómetro empezó a subir, y corre que te corre llegué a meta. Mis amigos lo hicieron antes que yo pero no me importó lo más mínimo. Yo tenía un reto diferente al de ellos. Me pareció muy bonita la experiencia, ver el buen ambiente entre los corredores, ver cómo corría gente de todas las edades, razas y condiciones juntas, ver cómo una persona de cerca de 60 años corría a la vez que hablaba por el teléfono con un amigo, ver cómo la gente aplaudía y animaba, cómo te ofrecían agua y comida sin pertenecer a la organización, ver la larguísima lengua multicolor de corredores, me encantó saludar a mi amigo JMGP a 5km. de la meta y ver cómo él se volvía a meter entre los corredores para acompañarme durante aproximadamente 50mt. Y cómo me ofrecía un plátano que le habían dado al llegar a meta y con qué satisfacción me contaba que había terminado en una hora diecinueve minutos, ¡él si es un campeón! Todo eran bonitas anécdotas, como la que presencié en el km. 17 cuando un corredor que iba a mi lado se paró en seco, se acerco a una chica del público y le plantó un besazo de película, qué cara de satisfacción se les quedó a los dos, imagino que era su novia... O como, llegando a meta, un corredor la cruzó llevando en brazos a su hijo de no más de 4 años, o la de otro corredor que cerró la clasificación arrastrando una ostensible cojera... En fin... como anécdota propia, puedo contar que, después de todo, en la recta final, cuando pensaba que no podía ni con mi alma, alentado sólo por ver la cara de mi familia esperándome al cruzar la meta, empecé a alargar la zancada sin mucha convicción y luego, viendo que inexplicablemente las piernas me respondían, empecé a acelerar el ritmo y tuve la sensación de que ya era un campeón, de que no había quien se interpusiera en mi camino a la gloria... Adelantaba a todos... Pero todo.... ¿para qué?... No había nadie esperándome al otro lado de la meta... ¡Qué desilusión! Llegaron tarde por un problema del coche. Pero todo se compensó cuando, abrazado a mi hija (tiene 14 años), me dijo: “Papá, ¿te sentirás orgulloso, verdad?” y yo le respondí: “Sí, ¿y tú, no te sientes orgullosa de tu padre?” y me respondió: “SÍ y MUCHO. Aún recuerdo cómo se me erizaron los pelos.

Resumiendo. La carrera transcurrió tal como la plasmé en la última anotación de mi diario de entrenamiento: “Teniendo en cuenta lo que me sucedió el domingo anterior al entrenar 16 km. (dolor agudo detrás de la rodilla izq. en el km. 13), mi planteamiento era empezar despacio, ser conservador durante toda la carrera y no mirar el reloj, con el objetivo de no pasarme con las pulsaciones (no más de 175 durante el recorrido y en la cuesta del ángel 180), y sobre todo cruzar la meta.

Empecé con buen ritmo. La carrera me fue llevando y crucé el km. 4 sin sobrepasar las 174 pulsaciones y en 24 minutos, tiempo suficiente para terminar la carrera en 2h, 10’ (mi máxima aspiración antes de pasarme lo de la rodilla). Todo fenomenal, mejor de lo previsto. En el primer avituallamiento (km. 5), el contraste del agua fría con el calor corporal (creo) me hizo sentir mal durante unos segundos y me dio un poco de miedo. Bajé el ritmo. Tenía las pulsaciones en 187. Desde el km. 6 decidí ser conservador y tener la llegada a meta como único objetivo. No obstante, la carrera volvió a llevarme y pasé el km. 9 en 56’, uno por encima de lo necesario para terminar en 2,10’.

Encontré a un corredor, uno de los 14.200 desconocidos que corría, José, y nos acoplamos. Él había hecho 3 medias y me dijo que a su ritmo llegaríamos en 2, 20’. Reflexioné y concluí que estaba muy bien, que debía abandonar el objetivo de 2, 10’ y concentrarme en cruzar meta, no fuera que, por ser ambicioso, me pasara lo del domingo anterior y no concluyese la carrera. Las pulsaciones oscilaban entre 180 y 185. No obstante yo me sentía bien y hasta me podía permitir el lujo de hablar, más o menos bien, frases cortas, incluso cuesta arriba. Dudé en varios momentos de si dejar a mi compañero e intentar llegar en 2,10’ pero no me atreví.

En el km. 17 le propuse acelerar un poco para llegar en 2,15’ y me dijo que él no. Decidí intentarlo yo. En la recta final (+- 500mt.), incluso aceleré más aún y me sentí bien, muy bien. Lo conseguí, estoy muy contento, crucé Meta y lo hice en 2,15’. Mejoré mi propia marca en 6 minutos respecto a los 2, 21’ que hice dos semanas antes en los entrenamientos.

La nota negativa fue que en las ¾ partes de la carrera (+- 16km.) las pulsaciones estuvieron entre 180 y 185, con puntas de 187 y, en la cumbre del ángel caído en 191, y en la recta final de meta a 198. No lo entiendo. Según dicen, es una barbaridad, para haberme “quedado en el sitio”. Y sin embargo, yo me sentía bien. Como he dicho, podía correr y hablar... No lo entiendo. Y no es cosa del pulsómetro puesto que ya lo he probado corriendo a la vez con otro pulsómetro y funciona bien. Además, un compañero ha corrido con el mío y los valores que registraba eran normales:150 + - . Por si fuera poco, he visitado a dos cardiólogos por separado. Me han hecho electros, ecografía del corazón y prueba de esfuerzo y todo ha salido fenomenal. Su diagnóstico es que tengo un cuadro cardíaco propio de una persona deportista bien entrenada. Cosa que no es cierta: he hecho poco deporte y entrenarme... menos aún! Y lo peor es que siempre he corrido así. Que alguien, si puede, me lo explique, porfa!

Me estoy planteando dejar de correr... Ya veré... de momento, quiero disfrutar de MI triunfo: haber corrido mi primer medio maratón, entrenando 26 días en dos meses y medio (desde el 17 de enero) con casi 50 años y con el siguiente único historial como corredor: - Octubre de 2009: la primera 10.000mt. (1ª Carrera “Ponle Freno”) en 1,13’, con una semana de entrenamiento, sin haber corrido nada desde la mili (año 1983).
- Noviembre de 2010: mi segunda 10.000mt. (2ª Carrera “Ponle Freno”) en 59’, con 3 semanas de entrenamiento.

LA RESACA:
Al día siguiente, al llegar al trabajo todo eran felicitaciones. Los dolores no importaban: importaba mucho más ver los resultados oficiales, las fotos y los vídeos... ¡Una gozada! ¡Qué satisfacción! El martes ya estábamos volviendo a hacer planes... ¿Qué nos queda por hacer?, ¿La Maratón? Mi amigo LG está decidido. Yo le he dicho que, si logro resolver mi problema, me apunto y si no, me daré por satisfecho con haber hecho la media, que ya no me la quita nadie.

Espero no ser el único en la tierra que tenga exceso de pulsaciones. Si alguien presenta un cuadro similar, le agradecería que me contara su experiencia y, si es posible, cómo solucionarlo. Me podéis contestar a través del correo de contacto de esta web. Muchas gracias por compartir conmigo mi experiencia. Un saludo.

Ver el relato completo.

P.A.G.