New York (Junio - Agosto 2011)

INTRODUCCIÓN:
A quién lo haya experimentado, no le voy a contar nada nuevo, pero... qué sensaciones tan diferentes se viven de unas pruebas a otras. Recuerdo las dos “Pónle Freno” (10 km) y el Medio Maratón de Madrid, que he corrido en mi andadura por el mundo del running (Crónica 1). Uno piensa que con ello ya tiene experiencia suficiente como para enfrentarse a un maratón pero la verdad es que no, esa experiencia anterior se te antoja liviana frente a la tan lejana, y casi inalcanzable línea de META de tu primer maratón.

Con qué alegría nos apuntamos al maratón. Qué bonita nos pareció la idea de coronar la línea FINISH rodeados de aplausos. Aplausos anónimos y también propios. Y volver a casa para comentar con los amigos las múltiples vicisitudes y anécdotas vividas. Pero no. El mundo real es otra cosa. El mundo real es un cúmulo de sinsabores que te hacen tambalear constantemente, que te hacen dudar de las decisiones tomadas. Te asaltan preguntas como: ¿Por qué “coño” se me habrá ocurrido a mi semejante chaladura? ¿No tengo suficientes cosas de las que preocuparme ya en mi vida? ¿No puedo comportarme como una persona normal y corriente? En fin, mil preguntas que tienen una única repuesta. Una respuesta que, en nada o en muy poco, se puede catalogar de positiva. Pero... ¡¡¡Qué tonterías digo!!! parece que estuviera arrepentido. PUES NO, ¡NO LO ESTOY!!!

¡¡¡Sí!!!! ya lo sé, el mundo es una constante lucha, sí. Pero es la actitud combativa la que pone las oportunidades al alcance de tus manos. Las cosas no pasan porque sí. Las cosas pasan porque uno se predispone a ellas. Es cierto que, al principio, con sólo pensar en los casi 1.000 km que hay que recorrer para preparar un maratón, se te quitan las ganas de seguir. Pero, no es menos cierto, que la botella está medio llena si así queremos verla. No son mil kilómetros, son cuarenta y tantos kilómetros a la semana. Y, además, los kilómetros se superan metro a metro o, para adecuarlo más al mundo de running, zancada a zancada.

Después de la anterior reflexión, con la que únicamente he pretendido animar a quién esté dudando sobre si meterse en andaduras como ésta, os voy a resumir lo que he hecho hasta ahora para intentar llegar a meta el próximo 6 de noviembre./p>

PLANTEAMIENTO TEÓRICO DEL PLAN DE ENTRENAMIENTO.
Tomada la decisión de correr el Maratón de New York (Crónica 2), he tomado nota de los múltiples ejemplos que sobre planes de entrenamiento hay en Internet. Finalmente me he decantado por combinar dos, he hecho una mezcla que luego he modificado para adaptarla, según mi inexperto criterio, a lo que creo son mis condiciones físicas y psíquicas. El resultado de mi osadía se verá el día 6 de noviembre.

Las modificaciones que he hecho, básicamente, consisten en aumentar en determinados días los kilómetros, para que, sin pretensión de hacer antes del 6 de noviembre ninguna tirada de 42 km, conseguir, al menos en una ocasión, superar el tan famoso y temido MURO.

No entiendo muy bien cómo en todos los planes de entrenamiento que he visto no se superan los 32 km. Seguro que están tan estudiados que, cumpliendo con ellos, es suficiente para superar la meta. Pero a mi se me hace un poco difícil. Pensar que, habiendo corrido un máximo de 32 km puedes lanzarte a la aventura de recorrer 42 km, con garantías de éxito, me produce cierta ansiedad y se me antoja temerario..

Si realmente el famoso muro es tan peligroso, física y mentalmente, como dicen, creo que lo mejor es haberlo experimentado antes. No soy capaz de imaginar la frustración que se debe de sentir al tener que abandonar el ansiado sueño de atravesar la línea de meta en tu primer maratón, después de haber estado tanto tiempo preparándote después de haber aguantado tanto sufrimiento, y a tan sólo un tercio del éxito. ¡No me lo puedo permitir!!

Con el mismo fin, otro de los cambios que he hecho para intentar garantizarme el resultado, es el aumento de la velocidad en bastantes recorridos. Repito, son los cambios de un inexperto, ya lo sé, y por ello no se lo recomiendo a nadie. Pero es mi plan, y me esforzaré por concluirlo. Ya os contaré el resultado.

El planteamiento que me he hecho es estructurarlo en 5 fases: la primera la he llamado Fase de Preparación Básica (primeras tres semanas), para poner los músculos, articulaciones y tendones un poco a tono para que aguanten la tralla que les espera; la segunda, la he denominado Fase de Velocidad (de la 4ª a la 8ª semana), para conseguir superar velocidades superiores a la media del día de la competición (6’24’’); la tercera fase, Fase de Resistencia Física y Psíquica (de la 9ª a la 16ª semana), con la que pretendo aclimatar el cuerpo a tiradas largas sin perder de vista el tiempo de ejecución, y superando las exigencias psicológicas que el esfuerzo lleva consigo; en la cuarta, Fase de Visualización (de la 17ª a la 21ª semana), pretendo realizar la simulación más fiel que pueda del recorrido real. Y finalmente, después del Maratón, en la quinta, Fase de Recuperación (tres semanas) pretendo dejar el cuerpo lo más relajado posible, dispuesto para acometer nuevos sueños y objetivos.

El plan de entrenamiento dura 21 semanas, simplemente porque eran las semanas que restaban hasta la prueba cuando decidí comenzar a entrenar.

Suelo anotar lo sucedido en el diario de entrenamiento, me sirve de recordatorio y me aporta motivación. Es una forma de disfrutar del objetivo cumplido. Ya sabéis, como lo de disfrutar de un buen café “sorbito a sorbito” (Entrenamiento). Pues bien, para este reto he añadido otra “herramienta”: he plasmado todo el plan de en un excel. De esa forma soy consciente de lo duro que será afrontar las múltiples sesiones de tiradas largas, superiores a 20 km y, a la vez, también puedo relativizarlo viendo que todo está en progresión, y que también hay sesiones suaves. En ella, reflejo los km recorridos, el tiempo, la velocidad media y pulsaciones medias.

PRIMEROS MESES DE ENTRENAMIENTO PARA EL MARATÓN DE NEW YORK.
A la lectura de este escrito ya he pasado el ecuador del entrenamiento, os resumo:
En la Fase 1ª, he tratado de tonificar piernas y articulaciones, por lo tanto, la velocidad no tenía importancia. Ése es el motivo de que aparezcan registros tan dispares, también las ganas del día y de si entrenaba solo o acompañado. No obstante, considero que he realizado una buena Fase de Preparación Básica ya que, además de cumplir con la exigencia de correr los cuatro días por semana, a veces, lo compaginaba jugando al padel y no me encontraba mal. Mi valoración ha sido muy buena. Tenía mucha ilusión y la sensación de que podía con todo.

En la Fase de Velocidad, las cosas cambiaron un poquito. Fuí dejando el padel para centrar mis esfuerzos en correr y, aunque considero el resultado satisfactorio, también es cierto que no me he visto sobrado de fuerzas. Todos los días he terminado bastante cansado, algunos mucho. Al principio pensaba cambiar un día de carrera por series pero no me he atrevido. Es un método muy eficaz para aumentar la velocidad, pero por el esfuerzo que suponen no me he visto con fuerzas suficientes. No obstante, la recuperación entre jornadas sí ha funcionado.

La Fase de Resistencia me está resultado fuerte. Además de que en esta fase comienzan las tiradas largas, lo que por sí mismo ya añade un grado de dureza especial físico y psicológico, he suprimido la música para que psíquicamente sea más duro. Puede parecer una tontería, pero no es lo mismo correr acompañado que solo y también se hace más liviano correr escuchando la música que te gusta. Sin música no te queda más remedio que concentrarte en ti mismo. Ahora entiendo la expresión “correr por sensaciones”. La pena es que, por el momento, no son muy buenas. Las tiradas largas me están haciendo sudar tinta. Termino sin ganas de hablar, ni de comer, ni de nada de nada. Termino roto. Incluso hay días en los que pienso si no es mejor “tirar la toalla”. Preveía esta Fase fuerte pero no tanto. Lo que me da esperanzas es que, día a día, lo voy superando y me doy cuenta de que voy cumpliendo el calendario.

Esta fase transcurre entre Agosto y Septiembre, lo que coincide con mis vacaciones. Antes de empezar, esto me hacía albergar muchas esperanzas. Esperaba poder centrar mejor los entrenamientos.

Respecto al horario, aunque a mí no me gusta correr con calor, mi previsión era correr después de desayunar, y dado que no pensaba madrugar, no empezaría en ningún caso antes de las 11h. Vistas así las cosas, parece un sinsentido: no tener compromiso alguno que te condicione, no correr a gusto con calor y, sin embargo, planificar los entrenos justo cuando empieza a calentar. No tiene lógica. Pero yo tenía un as bajo la manga. Como paso las vacaciones en el pueblo, y éste se encuentra en la provincia de Palencia, las 11h. de la mañana es una hora en la que habitualmente aún no hace mucho calor.

Efectivamente, he ido cumpliendo el plan en los días señalados, nunca antes de las 11h., y con bastante buen resultado. Y ello, a pesar de que no me he preocupado de intentar llevar una vida ordenada. Ya se sabe, en verano, las fiestas, un poco de descontrol de comidas, del descanso, e incluso, un poquito de exceso con el alcohol. Está claro que después de pasar un día de fiesta, y de acostarse a las 2 ó 3 de la madrugada, levantarse y ponerse a correr al día siguiente, se hace un poco cuesta arriba. Aún así, por encima de todo está el compromiso, porque, como decía mi padre: “Si eres bastante lo mozo para ir de fiesta, lo tienes que ser para levantarte pronto y cumplir con el trabajo del día siguiente”. Otro “truco” que empleaba para no martirizarme por este descontrol veraniego, era decirme a mi mismo: “Aun queda mucho tiempo para noviembre; las vacaciones son para descansar mentalmente y, en ello influyen mucho los momentos de diversión; ya llegará el invierno para estar tranquilito en casa. Además, si me estoy preparando para resistir un maratón, cualquier dificultad añadida que haga más duro el entrenamiento, facilitará la consecución del objetivo. Seguro que lo que hago no es tan duro como pasar el maldito MURO del kilómetro 32.” Ya sé que son excusas baratas, pero, como dice el refrán: “El que no se consuela es porque no quiere”.

Lo que no es ninguna tontería es el ejemplo que me encontré uno de los días en que tenía que recorrer 21 km; cuando llegaba por el kilómetro 10, subiendo una cuesta bastante larga y pronunciada, me topé con dos peregrinos -por el acento me parecieron de Brasil-. Uno de ellos llevaba una mochila bastante voluminosa y el otro una pequeñita. Les saludé con un “hola” y les rebasé. Cuando me volví a cruzar con ellos a mi vuelta, en vez de saludarles con el habitual ¡buen camino!, les dije: ¡ánimo! Qué tontería! Me arrepentí al instante! Ellos sí que me dieron ánimo a mí. Iban tan tranquilos, subiendo la cuesta, con buen ritmo y hablando. Como si fuese lo más normal del mundo que uno acarrerara todo el peso y el otro caminara con una pierna amputada y apoyándose en dos muletas. Eso sí es un ejemplo de valentía, tenacidad y capacidad de sobreponerse a la adversidad. Él sí que era un deportista.

Como os decía, ya he superando el ecuador del entrenamiento y parece que la cosa no va mal. Ya sabemos lo que es pasar por momentos de bajón, como fue el del día 20 de agosto, cuando en mi diario de entreno observaba “PINCHAZO TOTAL. UN AUTÉNTICO DESASTRE". En el plan de entrenamiento tenía que correr solamente 5Km. y mañana domingo 20Km., pero, como mañana tengo previsto viajar, decidí que lo mejor era cambiarlo y hacer los 20Km. hoy. El resultado ha sido un auténtico fiasco, una decepción que me ha hecho replantearme todo. Vale que en esta parte del plan de entrenamiento, fase de resistencia, todo lo que tenga que ver con el sufrimiento debe contemplarse como algo casi “positivo”, pero lo cierto es que ha sido un calvario. Empezando porque no he conseguido el objetivo y terminando porque he tenido que llamar a casa para que me fueran a recoger. Y empleo el recoger porque yo no era un corredor, era una piltrafa. No podía con mi alma. He vuelto a casa con sensación de derrota, hundido, desanimado, con la moral por los suelos y, con la clara intención de replantearme seriamente el abandono del proyecto. Y no me vale la disculpa de que ayer estuve de fiesta hasta las 3:30h.; que a las 8,30h estaba desayunando; que, porque no tenía fuerzas para correr, volví a acostarme hasta las 10,30h, y que al final he comenzado a correr a las 11,30h, cuando el sol empezaba a apretar. Hacía muchísimo calor, treinta y cinco grados; un calor sofocante y una sensación de bochorno. El agua que llevaba estaba más caliente que la sopa y, para colmo, cuando llegaba al km 13, ilusionado por llegar a la fuente que allí está para uso de los peregrinos, resultó que estaba averiada. La siguiente fuente distaba 4km. Intenté volver a correr y el resultado fue que no podía con mi cuerpo. Anduve los 4km bajo un sol de justicia. Cuando me quedaba 1km para llegar a la fuente, decidí abandonar la idea de volver a correr, y llamé a casa para que me recogieran. No obstante, fue llegar a la fuente, beber agua y meter la cabeza bajo el chorro, y todo cambió de repente. Es más, empecé a pensar que me había precipitado, que no tenía que haber llamado a casa. Pero ya estaba hecho. Tampoco sé si hubiera podido llegar, porque tenía los músculos muy, muy cargados. Creo que no lo hubiera conseguido. He bebido cerca de tres litros de agua en la hora siguiente a llegar a casa y, sin embargo, habré miccionado escasamente medio litro.

Después de reflexionar en la siesta, he decidido que voy a continuar hasta que no pueda más, o “reviente”. La lección que he sacado de esta jornada de entreno es que no debíahaber corrido con ese calor y que debía haber bebido más agua antes del km 13, que cuando descubrí que la fuente no funcionaba tenía que haber entrado en el pueblo a pedir agua en cualquier casa, en fin... El “diagnóstico” es que creo he tenido una pájara, un golpe de calor que no he sabido controlar. Dicho todo lo anterior, confío en que mañana esté todo superado. Auque no tengo intención de entrenar hasta el miércoles”. Lo importante es ir salvando las dificultades. Prueba de ello, lo dicho en el diario al día siguiente: ”Después de la gran decepción de ayer, y a pesar de que decidí darme unos días de descanso antes de ponerme la zapas, por eso de superar la vergüenza, por eso de ser un poco cabezón y, sobre todo por el orgullo y el pundonor, hoy he vuelto a calzármelas. El resultado ya lo sabéis: he conseguido el objetivo. Los segundos 21km del plan ya han caído y, aunque no he hecho un buen tiempo, estoy contento. Aún no me he quitado el mal sabor de boca de ayer, pero lo cierto es que empiezo a contemplarlo como un tropiezo lógico en un entrenamiento tan largo.”

Ya hemos vuelto de las vacaciones. Como cómputo global, creo que el resultado de mis entrenos ha sido bueno. Si consigo no desfallecer en el resto de los entrenamientos, que son los de tiradas más largas, creo que seré capaz de cruzar la línea de meta. Pero para lograrlo, aún queda mucho por hacer, y por sufrir.

Ya he superado el hito de las dos decenas de kilómetros. Hoy, 4 de septiembre, he corrido por primera vez 25 kilómetros seguidos. Dentro de dos semanas me adentraré en las tres decenas. Intentaré hacer 32 kilómetros. Pensarlo me pone un poco nervioso. ¿Podré con ellos? ¿Se me aparecerá EL MURO? Seguro que tendré más momentos de penuria. Pero confío en que, como los del día 20 de agosto, sean también pasajeros.

Os lo contaré en la próxima crónica, que será justo antes de cruzar el charco. Después me despediré contándoos mi vivencia en la gran manzana.

P.D. Casi se me olvida. Si habéis mirado el entrenamiento, habréis observado que mis pulsaciones nada tienen que ver con las que tenía cuando corrí la media maratón. Han bajado entre 15 y 20 pulsaciones por minuto. Estoy que no me lo creo. Ya me puedo considerar una persona “normal”. Puedo correr largas distancias sin sobrepasar el límite teórico máximo de pulsaciones para mi edad. Está claro que lo que necesitaba era entrenar de forma continuada. Estoy muy contento.


P.A.G. Corredor dominguero. (Agosto 2011).




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