La vida no se mide por lo descansos que tomamos, sino por los momentos que nos roban el aliento...

Mi incursión en este mundo del correr se inició hace aproximadamente seis años. Una tarde, después de trabajar, me puse mis zapatillas y decidí ir a trotar a la Calzada de Amador, un boulevard en las riveras del Canal de Panamá, debo confesar que a los 30 minutos, me dolían las pantorrillas y mi respiración era ¡JADEANTE!

Pero tenía que hacer algo para mejorar mi salud, ya que, aunque hiciera ejercicios aeróbicos tres veces a la semana, por herencia familiar manejaba niveles de colesterol por encima de los 400 y por mi baja estatura (1,52) andaba en un sobrepeso de 128 libras, además sufría de eternos dolores de cabeza y presión alta. Después de esa tarde, con mi carácter tan TESTARUDO, decidí seguir haciendo el intento de practicar, por lo menos dos veces a la semana, el jogging.

En Marzo del 2003, mi hermano José, un corredor de más de 20 años de experiencia, me invitó a correr en un Evento de Relevos del Club Corredores del Istmo, el Club Nacional que mensualmente en su calendario de eventos hacen carreras para todo tipo de corredores. Por ser la única dama en el equipo me dieron el honor de arrancar de primera, ése fue un CRUEL y DURO inicio para alguien que pensó que correr 5 km lo hacía cualquiera. Esa mañana me dieron calambres, casi vomito y después de 45 minutos entregué el relevo al Dr. Benjamín del Río, con un rostro de FUTURO CADÁVER. Sin olvidar que, por sentirme obesa, tuve la brillante idea de correr con un pantalón de algodón largo que después de los dos primeros kilómetros resultó MI PEOR COMPAÑERO. Aún en las reuniones familiares y de nuestro equipo de corredores ésa es la mejor anécdota de José: “Iris antes e Iris después”. Pero ese día algo inexplicable se apoderó de mí, y prometí que por el resto de mi vida quería seguir sintiendo esa emoción que te embarga cuando cruzas la meta después de una carrera.

Primero me propuse bajar de peso y aumentar el tiempo que trotaba. Para ese entonces en mi mente no albergaba la idea que podía hacer una carrera de más de 5 km.

Una tarde del 2004, trotando en la pista de la Universidad de Panamá, conocí al Profesor Félix de Sedas; desde el inicio de nuestra amistad siempre me dio consejos de cómo mejorar mi resistencia, aumentar mis zancadas y variar los ritmos en las carreras. Félix es profesor de Educación Física y entrena a jóvenes en varias modalidades.

En esos ir y venir de tardes o mañanas de trote, Félix me dijo esa frase que muy dentro de mi pensé en no creer: “¿Cuándo te vas a atrever a entrenar para una carrera de mayor distancia? Tú tienes disciplina, garra... y si bajas de peso podrías ser una excelente corredora de fondo”. Pensé, sin decirle: “Corredora de fondo, ¿¿¿eso que es???”. Ya con el tiempo aprendí que así como hay corredores velocistas, también hay corredores de fondo, o sea, que corren mayores distancias (10-15-21 y los difíciles 42 km de una maratón).

Para ser honesta, cuando Félix sembró en mí ese gusanillo, siento que mi vida cambió tal cual como tirarse de un tobogán. No he podido regresar, ni creo que pueda regresar desde donde me tiré. Desde el momento que asumí este reto, el amarrarme mis zapatillas representa el inicio de mi búsqueda de más kilómetros.

Inicialmente me puse como meta, en agosto 2005, iniciar un entrenamiento para los 21 km de Sumit-Gamboa, otra carrera del calendario de nuestro Club. Esta carrera se realizó el 20 de noviembre de 2005. Esta ruta, aún para los corredores mas experimentados, resulta muy difícil, por lo intenso de las cuestas (aproximadamente 12 km se hacen en subidas).

Al dar el anuncio de salida y sintiendo todo el temor del mundo, recuerdo la confianza y la tranquilidad que me embargó al ver a mi lado a mis compañeros de batalla: José y Benjamín. Y, aunque en el kilómetro 11, decidí acelerar el paso y les di zapatilla (así decimos nosotros los corredores, cuando le pasamos a otro en alguna carrera), cómo no tener fe en que vamos a terminar con estos dos GUERREROS de compañeros.

De esa carrera aprendí que por más adrenalina que fluya dentro de ti, siempre debes escuchar tu cuerpo, no arrancar una carrera larga a un paso que no es el tuyo, por tratar de correr a la par de los demás, ya que nunca sabes cómo tu cuerpo te responderá en los próximos kilómetros.

Para mí fue un gran inicio como corredora de fondo, hice los 21 km en 2:02 y de las 10 damas que corrimos llegué la cuarta a la meta. Ese día Dios me demostró que aún en cosas que creemos tan triviales nos envía su bendición contando con gente tan especial en nuestras vidas. Aún hoy, cuando paso por esta ruta, me parece escuchar la voz de Ivonne (esposa de José) que me gritaba desde el carro: “Vamos Laly, vas bien”.

Ese domingo otro gusanillo se adueñó de mi mente: ¿Por qué no correr una maratón? En mi país, Panamá, anualmente se realiza la GRAN MARATHON CIUDAD DE PANAMA; al año siguiente sería la XXX versión. En los años anteriores la había corrido pero en nuestro Equipo de Relevos, los FAST AND FURIOUS, ocho corredores que se recorren los 8 tramos entre distancias de 4 a 6 kilómetros cada uno.

Al llegar a casa pensé: "Tengo solo 8 meses para entrenar". Mi mente quiso echarse para atrás y me embargó el pensamiento que ese salto de 21 km al doble, 42 km, era duro y más aún para mí, que no contaba con mayores mañas para correr fondos, pero también pensé: “¿Qué puedo perder si lo intento con todas las ganas de mi ser?”. Me prometí a mi misma no bajar la guardia en el día a día, tenía que sacar toda la fuerza de voluntad existente dentro de mí, no dejarme amilanar por el cansancio diario y tener presente que después de un agobiante día de trabajo, tendría que ponerme las zapatillas y correr y correr.

Félix no podía creer que ya estaba decidida a saltar a una maratón, por ende se inspiró y me hizo un extenuante plan de entrenamiento que incluía correr seis días a la semana, dos días variar velocidad en pista, dos días hacer fondos mayores de 10 km, un día corridas en cuestas y los domingos hacer fondos mayores de 21 km.

Obviamente en este plan ya no se incluía el irme con mis amigas a una tarde de té o al cine después de trabajar; iniciar mis domingos a las 9:00 a.m.; no abusar de los dulces; y no tendría sábados de Happy–Hours en casa de mi mejor amiga Lydia. Aún así, Lydia y yo, siempre encontramos tiempo para sentarnos y hacer nuestras terapias a cuatro ojos, eso sí, ¡ni un trago de whisky! (como era lo habitual). En esta etapa de mi vida he aprendido que los verdaderos amigos, hacen nuestras locuras suyas. Lydia entonces escuchaba pacientemente y se emocionaba cuando le detallaba cómo iba mi training, cuántos kilómetros ya llevaba por semana... y la pobre siempre preocupada por mi eminente bajada de peso, al iniciar entrenamiento de maratón aún pensaba unas 115 libras.

Podría decir que en el mes de junio mis zapatillas corrían solas. Los meses más difíciles fueron mayo-junio y julio. Mi resistencia la llevé al límite en días de trabajo vs días de entrenamiento.

Inicio el mes de agosto y durante la semana antes de la maratón, ya la ansiedad se apoderó de mí. Por más que quería apagar el interruptor de la adrenalina, entre más horas pasaban más ansiosa estaba. Perdí la cuenta de cuantas noches soñé corriendo la maratón, incluso tuve pesadillas donde me veía con calambres, dolor de estómago y golpes de calor. El jueves 3 de agosto por pura curiosidad me subí a una báscula, ¡¡¡sorprendentemente pesaba 99 libras!!! O sea, mi peso de adolescente quinceañera.

Llegó el sábado 5 de agosto, durante el cursillo que el Club brinda a los capitanes de Equipos que correrán en Relevos la Maratón, participó como invitado especial el Dr. Rubén Chávez Estebane, abogado mexicano de 52 años, con más de 60 maratones corridas. El Dr. Chávez nos decía que para él correr una maratón es una conjunción entre lo físico, mental, social y espiritual. La paz que proyecta la personalidad del Dr. Chávez me causó mucha tranquilidad y en ese momento me percaté de que ya solo faltaban unas horas.

Y al fin llegó el 6 de agosto, puse el despertador de mi celular a las 3:00 a.m. Dormí en casa de José e Ivonne, por lo cercano al Estadio Rommel Fernández. Siguiendo los consejos de corredores veteranos desayuné lo habitual: una taza de té verde y una rodaja de pan con mermelada. Ivonne y yo hicimos, unos minutos antes de salir de casa, unas bolsitas de provisiones que tenían ¼ de manzana, ¼ de naranja, ¼ de guineo y un ¼ de una barra energizante y toda bebida energizante posible.
  Confieso que cuando me puse el número en la camiseta se me erizó el cuerpo y tuve intenciones de echarme a llorar, pero recordé que si Dios no estuviea dispuesto a acompañarme en esta locura, desde el primer momento me hubiese enviado una señal para desistir.
  Cuando llegamos al estadio a las 5:05 a.m. ya nos esperaban mi sobrina Linnette y mi hermano Erick, ambos eran los encargados de filmar con mi cámara el recorrido de la maratón. Además de mí, corría nuestro habitual equipos de relevos, los Fast and Furious. José haría la media maratón y mi sobrino Rolando se estrenaría también en la media maratón.
  Recuerdo que bajé del carro de un salto, porque ya estaban llamando a los maratonianos. Me encontré a Mónica Navarro, una excelente corredora que me había dado muchos consejos, éste sería su segundo maratón, nos dimos un abrazo y nos deseamos suerte. También encontré a Jaime Espinoza, un corredor velocista que me había ayudado mucho en los días de entrenamiento que me tocaban series de fartlek, también me abraza y me promete que me esperaría a mi llegada al Estadio Rommel.
  Finalmente quedo sola y me voy a la línea de partida, mientras trato de hacer estiramientos, inicio mi oración de todas las mañanas antes de salir al trabajo, sostengo en mis manos el rosario que será mi compañero, tengo tantas emociones por dentro que cierro los ojos por un momento y solo me regresa a la realidad un fuerte abrazo de José e Ivonne.

Suena el disparo, arrancamos a las 5:30 a.m. Conmigo viene Armando López, con el que dos semanas antes había hecho un fondo de 33 km. Qué sensación indescriptible es sentir los aplausos de la gente que estaba a los lados de la salida cuando salimos a la vía principal.
  A los 10 km, a la altura de Vía España, aparecen Linnette y Erick pitándome desde el carro y yo tratando de dar mi mejor sonrisa para la filmación.
  Aproximadamente en el km 11, me encuentro al Dr. Chávez, me mantuvo el paso aproximadamente por un kilometro, le decía que gracias a su charla, había asumido otros tips para correr una maratón, que le enviaría mi correo electrónico, para que me hiciera saber cuando estaba listo para la venta el libro que está por terminar, y le prometí que no me retiraría del estadio, hasta su llegada y él muy sincero me dice:: “Ok, chiquita, te veo en la meta”.
  Creo que los primeros 15 km me mantuve a un ritmo cómodo, pero en los días que entrenaba fondo siempre me ocurría, que a esta distancia, quería acelerar el paso. Esos 15 km era aproximadamente en la entrada de la Calzada de Amador, entrar y salir de este boulevard toma aproximadamente 12 km En efecto, las piernas estaban en su mejor momento de acelerar, pero me decía: “Eyyy, no te emociones, no sabes lo que viene”. Y así me mantuve. En la entrada a la Calzada me aparece de sorpresa Jaime, y me dice: "Te voy a tomar una foto que va a parecer un poster".
  Aproximadamente en el km 22, Armando y yo nos encontramos a dos corredores argentinos: Norberto y Nelson, que llegaron ese mismo día a las 2:00 a.m. a nuestro país, con el mejor ánimo para correr por primera vez la Maratón de la Ciudad de Panamá. Corrimos aproximadamente 4 km con ambos, estaban fascinados con la Calzada de Amador y nosotros tratando de ser unos buenos guías turísticos. A la fecha mantengo comunicación vía internet con Nelson.
  Al salir de Amador, estaba en pleno la mitad del equipo Fast and Furios dándome ánimos. Arianella, Sonia, Ivonne y Lyanne, todas habían cumplido ya su relevo, por ser las primeras relevistas del equipo.
  En el km 26 ya venía sola, se me habían quedado mis dos amigos nuevos y Armando. Encontré a Antonio un corredor Costarricense, súper buena onda, me acompañó aproximadamente hasta el km 30, a la altura de la Iglesia de la Divina Misericordia, en Paitilla. Con el aprendí que no debes de ir tan cansado corriendo una maratón para no poder saludar con un buen gesto a los demás corredores.
  Entro con mucha expectativa al km 30, mi mente trata de olvidar todas las anécdotas sobre la Pared de todo corredor de maratón, y me embargó una alegría al darme cuenta que aún no sentía esa pared personal, entonces me dejé invadir por un pequeño aire de triunfo y aceleré el paso, mi hermano Erick trata de correr a mi par para entregarme una bolsa de agua fría. Pobre, yo creo que hasta calambres le dio.
  Calculo que pasé del km 31 al 32 en casi 9 minutos, pero volví a la realidad al darme cuenta qué larga se estaba haciendo la Avenida Israel y el inclemente sol de las 9:00 de la mañana, sentía que mi temperatura corporal estaba como en un baño sauna. Contrario a la vía, viene Ivonne en su carro, le grito que necesito agua para echarme encima. Sentía que mis zapatillas echaban humo por el calor de la calle.
  Ya entraba a la altura del Centro de Convenciones Atlapa, me grita Linnette: “Tia, está bien" Y le digo: "¡Sí, ya solo me faltan 10 km!” Después que lo dije pensé: “Iris solo una hora más”.
  Entro Feliz a mis últimos 5 km, en las ruinas de Panamá La Vieja. Veo a lo lejos a mi hermano mayor, Rolando y su hijo Ramcés, se acerca con una botella de agua y cuando ya me tiene a su alcance, me la echa encima y grita: “Hermanita, agua bendita del Rio Perequete de Capira” (un río que queda cerca a nuestra finca). Todos los corredores que estaban en espera de que se les entregara el último relevo soltaron la risa igual que yo. En mi familia todos tenemos un excelente sentido del humor, gracias a mi papá (q.e.p.d.).
  Llegando al Balboa (la ultima recta antes de llegar al estadio de retorno), faltando 3 km para llegar, me dice mi hermano Rolando desde su carro: “Laly, ya la terminaste, mantén el paso nada más, te espero en la entrada del estadio”. Por primera vez veo mi cronómetro y van 4:10 desde que salí del estadio en la madrugada.
  Entro al Centro Comercial Plaza Carolina. Se me hace ancha esta vía, en las paradas de buses todo mundo aplaude cuando paso y una señora que la veo gigante, me dice: “Oye mujer, tú sí tienes condiciones”. La saludo y le doy las gracias.
  Veo que de una parada sale con los brazos abiertos mi gran amigo y el culpable de que yo esté aquí, Félix de Sedas, se ve en su rostro la alegría de ver que su pupila, viene a 2 km de completar su primera maratón. Corre conmigo aproximadamente 400 metros y me da un sorbo de sales hidratantes. Cuando Félix aminora el paso y se queda atrás, vienen a mi encuentro casi entrando a los estacionamientos del estadio, José, Arianella y Priscilla, me gritan desde la acera: "¡Vamos campeona, ya llegaste!".
  Me encuentro antes de entrar al estadio con una gran sonrisa, de ese gran jurista de nuestro Club, Ricardo Cupas, nos damos una palmada y me dice: “Excelente muchachita, vas fresquita”.
  Entro de vuelta después de 4 horas 23 minutos al Estadio, había prometido a todos que si Dios lo permitía, saltaría los últimos 50 metros antes de cruzar la meta y mi Dios es tan bueno que me dio fuerzas para hacerlo.
  Freddy, otro jurista-corredor y locutor de eventos del Club, me anuncia en el altavoz: “...Y completando su primera maratón, con un excelente paso y mucha energía todavía, la gran IRIS REGALADO con el numero 331”. Guillermo Quiñónez, de nuestro Club, me espera en el túnel antes de pasar la meta y me da mi primera palmada como maratonista.
  Al cruzar la meta, mis hermanos y amigos, me esperan sorpresivamente con un baño de champagne, el liquido me golpea la cara y me hace cerrar los ojos y pensar: “LO LOGRÉ". Se me arrasan los ojos y el corazón se me quiere salir del pecho. La gracia de saltar los últimos 50 metros me da un leve calambre en el muslo derecho, pero estoy tan FELIZ que no le hago caso.

Cuando la vida nos presenta nuevos retos, todo creyente en su ser supremo, ora con fe y clama a ese Padre Celestial, que nos guíe y nos dé fortaleza para no desfallecer en el intento. Dios con su inmenso poder me envío una legión de ángeles terrenales., que asumieron como suyo el reto de correr mi primera maratón.
  Mi querida madre y mi hija Geraldine Astrid, ambas al iniciar mi entrenamiento no entendían como en pleno domingo (mi único día libre) podía saltar de mi cama a las 5:00 a.m. y salir sola a correr por más de dos horas en la Vía Interamericana. Ya después de un par de meses, mi mamá se queda haciendo el rosario cuando yo salgo y mi hija me dice: “Mami, ya te pareces a las corredoras que salen en la revista”.
  A mis tres hermanos y sobrinos, José mi primer HÉROE CORREDOR!!!. A Erick, Rolando, Ramcés, Lyanne y Lynnette por hacer de ésta mi primera maratón toda una LOGÍSTICA FAMILIAR.
  A mi querida hermana Ivonne, por inyectarme todo el positivismo del mundo y jamás dudar en repetirme: “Laly, esa carrera va a ser un paseo para ti”.
  Después de mi familia, Dios me ha dado la gran bendición de contar con amigos y amigas de verdad. Esos amigos que tú no tienes que llamar, ellos siempre están ahí...
  Nilda, cuando le dije en un correo electrónico que estaba entrenando para mi primera maratón, me responde: "Irisin, tú tienes que presentarte como una corredora élite desde tu primera maratón, dime qué necesitas y yo te lo mando". Faltando tres semanas para la maratón llegan directamente desde San Francisco, U.S.A. mís zapatillas especiales para corredores élite de maratón con peso de 8,5 onzas. Nilda es de esas amigas que aunque la distancia y la vida nos separen, siempre tendremos una comunión.
  A Lydia, por contar con ella en cualquiera temporada de mi vida, días soleados, días nublados y días turbulentos, contar con su amistad representa esa seguridad interior de que siempre contaré con ella.
  Mi sincero agradecimiento a este selecto grupo de seres humanos con alma de DIOSES GUERREROS con MÚLTIPLES CARRERAS de EXPERIENCIA, mis amigos del Club Corredores del Istmo.
  A mi amiga Griselda, mi primera amiga corredora y guía en mis primeros fondos de más de 10 km, por enseñarme que se puede correr y mantener una conversación buenísima por mas de dos horas y terminar FRESQUITAS!!!
  A nuestro Presidente, Eduardo Laguna, y junto a él Guillermo Quiñónez, Gustavo Gordón, Freddy García, Anselmo Broce, Elmer Ortiz, por no dudar en darme consejos para ésta mi primera experiencia como Corredora de Maratón.
  Un cariño especial a Vladimir y Armando, por permitirme acompañarlos en una ultima carrera de fondo de 33 km, 15 días antes de la maratón y compartir conmigo tantas anécdotas como corredores de maratones.

Finalizo esta historia, no sin antes permitirme dar un último consejo a los corredores que han iniciado entrenamiento para correr su primera maratón:
  Tu primera maratón va a ser una experiencia inigualable, no permitas que nada lo deteriore, disfruta desde que suena la partida y vive cada kilómetro. No permitas que el sentimiento de competir empañe todo lo que entrenaste por el simple hecho de correr tras otro corredor.
  Corre con un paso que te haga sentir cómodo, en ésta tu primera maratón el único adversario, sí lo permites será tu mente. Y ten siempre presente, que más importante que tu capacidad como corredor estará tu comunión con Dios.
  Me atrevo apostar que fueron las 4 horas y 25 minutos, más intensos que he vivido. En mi mente y en mi corazón quedaran registrados por el resto de mi vida cuáles fueron cada uno de mis pensamientos, oraciones y sentimientos que me embargaron durante los 42 km y 195 metros.

¡¡¡Atrévete a vivir esta experiencia!!!


Iris L. Regalado - correo y entrenamiento Maratonista No.331
XXX Maratón Ciudad de Panamá 2006