A veces nos marcamos retos en nuestras vidas sin saber muy bien el porqué. En el año 2012 y después de haber logrado ganarle la batalla al Pico Veleta, me juré que no volvería a esa prueba tan dura y tan exigente. Me fui dolido con la montaña, me había martirizado hasta no sé cuánto y la organización por aquel entonces no me llegó a gustar lo suficiente como para volver, ya que los avituallamientos no eran suficientes en cuanto a cantidad. Pues bien amigos, hoy, y a través de estas líneas tengo que deciros que dos años después tengo que felicitar a la organización por todo; por el servicio al corredor que se ha visto mejorado haciendo más corta la entrega de dorsales (había más voluntarios), por los autobuses para llevarnos a la línea de salida y posteriormente recogernos en la meta (han estado perfectos) y sobre todo porque aquellos avituallamientos insuficientes, han pasado a ser excepcionales.

No ha faltado nada, es más, os puedo sugerir a aquellos que vayáis los próximos años que no hace falta llevarse bidón auxiliar porque lo único que haces es cargar con más peso. Esta prueba considerada la más dura del mundo (no seré yo quien diga si lo es o no), supone todo un test para saber hasta dónde el cuerpo humano es capaz de soportar.

Para los corredores ese día amanece a las 4:30 y podemos ver la ansiedad en las caras de todos y cada uno de ellos. Todos lo toman lo tomamos con filosofía y más sabiendo que estamos ahí para ganar una batalla. Surgen las dudas ¿habré entrenado lo suficiente? ¿qué geles cojo? ¿llevo dátiles, almendras, pan de higo...? (luego sobra todo). Pero tienes unas ganas enormes de empezar porque sabes que a partir de ese momento dejarás los nervios en la salida.

Van pasándolos kilómetros en continua subida y piensas una y mil veces ¿qué hago yo aquí?, es algo a lo que no sabes contestar y según pasas los kilómetros juras que no vas a volver (eso no es cierto) y te acuerdas de los compañeros del Club que ese día y a esa hora se están dando un baño en el mar después del entreno de los domingos, pero al mismo tiempo sabes que estás haciendo algo muy grande; luchar contra esos 3.369 metros de altura que no tardarás en derrotar, no sin antes sufrir en tus propias carnes cada metro de subida que vas cubriendo.

Al principio nos unimos en grupos y vamos contando chistes, intentando con ello hacerlo más llevadero y más corto (imposible, no dejan de ser 50 kilómetros), pero según pasan los kilómetros el grupo se desvanece y te encuentras solo ante el monstruo. Es entonces cuando tu cuerpo y mente deben hacer el trabajo del grupo e intentar estar a la par, cosa nada fácil pero que se consigue. Tres componentes del Club Maratonianos Guardamar del Segura hemos ido a luchar contra el mítico Veleta y tengo que decir que los tres le hemos ganado la batalla. Salimos juntos y nuestra estrategia era aguantar así la mayor distancia posible, pero teniendo muy en cuenta que aquí las distancias no cuentan; cuentan los repechos, los diferentes desniveles y sobre todo la altura.

Primero se fue uno de nosotros y me quedé acompañando al tercero hasta un poco más de la mitad de la prueba, donde empezó la subida de verdad. A lo largo del recorrido vamos observando continuamente como nos vamos adelantando unos a otros y no somos capaces de decirnos ¿vamos juntos? Es algo muy extraño, creo que no queremos ni romper el ritmo a nadie ni que nos lo rompan a nosotros a pesar de llevar el mismo, cosa muy normal ya que lo viví la primera vez.

Después de disfrutar, sufrir, arrepentirme una y mil veces de estar ahí, de jurarme no volver, de llegar a un cansancio extremo, por fin a unos 20 metros de mí veo la meta (en subida, claro) y no puedo pensar en otra cosa que en cruzarla corriendo para demostrarle al Veleta que por segunda vez le he ganado. Lo que corre por tu cuerpo solo lo podemos describir aquellos que hemos ganado esa batalla, por eso aprovecho desde aquí para animaros a hacer esa prueba, si la hacéis os acordaréis de mí (no muy bien), pero seguro que después tendréis una satisfacción como nunca antes.

Ahora bien, al igual que en otras muchas carreras y eventos deportivos siempre nos encontramos con algún “tramposillo” y en esta ocasión pude ver claramente como un señor al que dejé descolgado por el kilómetro 22, iba subido en el microbús que nos recogía en la llegada, sentado mucho antes que yo. Pensé ¨se habrá retirado¨ pero al ver que no decía nada cuando minutos antes íba gastando bromas en el grupo, empecé a sospechar. Mis sospechas fueron definitivas cuando vi la clasificación y una foto entrando a meta. Me dije que era imposible porque se quedó clavado cuando me fui de él y si a eso añado que tan solo me adelantaron tres corredores a los cuales conozco, me quedó claro que estaba ante un señor que subieron parte del recorrido en coche. Si amigos, habemos gente para todo. Aún sigo sin entender que quería ganar con esa actitud.

Como ya os he dicho; la organización estuvo de diez. Os recomiendo esta mítica prueba en donde podemos saber lo que somos capaces de hacer. El Pico Veleta está vivo y preparado para luchar contra ti en la XXXI edición ¿te atreves?


Manuel Maciá - agosto 2014







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NOMBRE  FECHA  TEXTO
MANUEL ALBERTO SANROMAN M
2014-08-31 20:50:23
Impresionante. Conforme leía entendía el gran sufrimiento soportado y la dureza extrema de esta prueba. Algún día también espero ganar esa batalla. Enhorabuena....




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