Maratón de Bilbao: 29 Mayo de 2011
Segundo intento en la distancia de los 42.195, marcada por el primer intento en la Bilbao Night Marathon en Octubre pasado. Aquel 23 de Octubre de 2010 es una fecha relevante para mí, más allá del plano puramente deportivo: quedarse en el km 40 y no tener muy claro lo que ha fallado al no darse uno cuenta que iba tan fundido (unido al dramatismo de visita al hospital incluido) es un revés importante en el plano anímico. Obviamente, esto es algo que mucha gente no entiende y que probablemente lleven razón: “Tú no vives de esto”, “déjate de hacer tonterías”, “lo importante es estar bien, que le den al maratón", etc. El diagnóstico más afinado parece ser que se trató de una deshidratación motivada por un mal avituallamiento por mi parte (apenas bebí) unido a un ritmo probablemente excesivo, por encima de mis posibilidades reales (aunque me quedé cerca de lograrlo, o lejísimos según se vea).

Desde el día después tuve claro que tenía que hacer una maratón completa cuanto antes y que en el camino iba a tener que “pasar” de los comentarios protectores y paternalistas siempre bien intencionados. Por ello, marque rápidamente como objetivo por su proximidad en el tiempo y la seguridad que da la cercanía, la maratón diurna de Bilbao de primavera. Y eso a sabiendas de que es una carrera con muy mala prensa y no ha habido nadie que me hubiera hablado bien de ella: no más de 300 corredores en un ambiente super frio. Pero en el fondo, a mi me sobraban 299 porque ésta iba a ser una carrera conmigo mismo para ponerme a prueba y resolver una cuenta pendiente.

Con la carrera ya elegida lo primero que hice fue marcar la estrategia a seguir, que se iba a basar en tres líneas:
1. Aprender y acostumbrarme a beber en carrera y no minusvalorar la importancia de la hidratación en todo el proceso (“beber sin sed” es importante). Además, buscar un complemento energético tipo geles que me aportase energía durante el proceso.
2. Aprender a correr y dosificarme en base al ritmo cardiaco, y entrenar conforme a las zonas de entrenamiento y umbrales aeróbicos y anaeróbicos que marcan la frecuencia cardiaca máxima y los niveles de ácido láctico. Para eso, me hice una prueba deportiva que considero muy recomendable.
3. Cuidar un poco la alimentación y el "bebercio" y valorar las opiniones de la gente que sabe de esto.

Dicho y hecho, con esas premisas comencé a entrenar en serio allá por el mes de Febrero. Y este entrenamiento se ha basado en cuatro líneas maestras:
1. Sesiones de duración media (unos 15 km) a bajas pulsaciones (sobre 143 ppm medias) – 2 semana mínimo.
2. Sesiones Fartlek con 3 series de 10/11/12 min a 155-165 ppm, en distancias totales de unos 10 km – 1ó 2 semana.
3. Sesiones largas a bajas pulsaciones en fin de semana (sobre 140 ppm medias). 2 de 20km, 1 de 22km, 2 de 25 km, 1 de 28km, 1 de 32 km
4. Trabajo de fuerza en gimnasio bajo supervisión de Y.R.

En estas semanas, en la parte alta del ciclo he pasado al menos 4 semanas seguidas los ritmos de 70 km semanales, y he bajado unos 5 kg de peso que me han hecho llegar a los 72 kg que creo es lo más afinado que he estado en los últimos 15 años.
  Con este plan llegamos al día de la carrera, no sin antes enfrentarme a la última dura prueba: un viaje relámpago a Miami la misma semana de la Maratón.

Día previo a la carrera:
Agua a tutiplén y dos cervezas de rigor la noche antes viendo final de la champions siguiendo consejos de M.F.

Día de la carrera (Previo):
- Noche: acostarse a las 11:30 PM, pero dormir regular con al menos 4 visitas a mear por la noche.
- 6 AM suena el despertador. Desayuno a base de tostadas y café.
- 7 AM ¾ powerade (creo que cayeron un par de meadas).
- 8 AM cita en la línea de salida con media hora para calentar.

Carrera:
Una vez más, la dichosa Ley de Murphy se cumple y me encuentro con que el pulsómetro se ha quedado sin pilas o algo raro. Tendré que controlar mi ritmo en base a tiempos medios con la experiencia acumulada hasta ahora, al no poder fiarme del pulsómetro.
Comienza la carrera y aquí me tengo que agarrar ya que la gente sale escopetada. Aún así, el primer km cae en 4:54 con lo cual empiezo a dosificar.

El primer tramo de la carrera viene marcado por las meadas de los km 8 y 16. No fueron típicas meadas de nervios sino meadas en toda regla de vaciar la vejiga. Creo que definitivamente esta vez si me he tomado en serio lo de beber... Por supuesto, a lo largo de la carrera bebí en todos los avituallamientos y tomé geles en los km 22, 29 y 37.

Pronto me doy cuenta de que todas las críticas negativas a esta carrera están fundadas, pero no por el ambiente o la asistencia, sino por la organización desastrosa de la prueba: falta de orientación en cruces que te hace dudar del recorrido, incrementado porque corres prácticamente solo y no tienes referencias, no cortado el tráfico especialmente en la carretera de la ría con coches en los dos sentidos mientras corres, publicación de resultados con retraso en .pdf penoso etc. Es la única carrera donde los africanos no corren sino que son parte de la organización – mención especial a los 6 ó 7 negritos que estaban en puntos de avituallamiento y que habían ido a comer el bocadillo y no te daban ni el agua en la mano.

Llego a la media maratón manteniendo unos ritmos de unos 5:09 el km muy cómodos (1:47:50) y empieza a apretar “la caló” con temperaturas por encima de 26 ºC.

Del kilómetro 22 al 28 (vuelta en Arrigunaga) sigo estable, únicamente alterado por tener que preguntar el camino alguna vez y tener que sortear algún perro (y dueño) en el paseo de Las Arenas. Además de recorrer aquí algún km mal medido seguro.

Hasta el km 34 los kilómetros van cayendo bastante bien, en ese estado de concentración y “ataraxia” del corredor a unos ritmos constantes al menos desde mi percepción.

Es a partir del km 35-36 cuando tomo una referencia de tiempo y veo que en algún punto me han caído 3 minutos extras que no me explico por sensaciones, a menos que ese último km sea un km de 1400 metros. En cualquier caso, sigo entero y pienso que estoy disfrutando con la carrera y la experiencia, lo cual es un gran premio a esas alturas del recorrido. Del km 35 al 40 voy adelantando a corredores a los que saludo con un: “Aúpa” y son varios los que se creen obligados a explicarme lo que les pasa: ”Un pinchazo”, “el estomago”...

Aún cuando sobrepaso el km 40 y 41, no tengo la sensación de que está hecho ya que la experiencia previa del km 40 parece que me está diciendo: “Ojo, que hasta el rabo todo es toro”.

Cuando llego al 42 y giro por la Gran Vía, ya veo la meta. Saludar a la familia al llegar hace una ilusión especial. Cruzo la meta pero como no me fio de la organización sigo corriendo otros 50-60 metros hasta la siguiente pancarta que es el avituallamiento donde la gente me mira un poco raro...

Objetivo cumplido: 3:40:10 (a 5:12 de media).
Tengo que decir que no me supone una especial emoción acabar, ni veo “la luz” al cruzar la meta. Pero creo que eso es parte de mi personalidad no dada especialmente a sentimentalismos. Aún así, estoy contento. He terminado muy entero y he acabado una larga carrera que empezó el 23 de Octubre de 2010.

Mención especial a mi amigo R.S. que con un tiempo de 3:45 ha ido quemando etapas de forma espectacular en el último año y con quien he compartido sesiones de “LSD” los fines de semana a horas intempestivas. Mención también especial a mis amigos J.I. y F.B. a los que esta vez he procurado hacerles un poco más de caso en sus consejos.

El día/s después:
Contra pronóstico, me invade una sensación de “tristeza” al haberme quedado vacío de objetivos y planes. Debe ser el síndrome ese de Estocolmo que comentaba mi amigo J.I.
Creo que eso no dice nada bueno de la psicología de uno, porque hay que saber disfrutar las victorias y no solo sufrir las derrotas. Rápidamente empiezo a hacer planes de golf y tenis para los siguientes meses, pero no me llena. No me queda otra que planificar una nueva temporada para volver a recuperar la ilusión: Behobia, Barcelona y Nueva York esperan ahora.

Imanol González
Maratón Bilbao 2011




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